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¿Qué oportunidades tienen los latinos en Silicon Valley?

Los inversionistas buscamos crecimientos exponenciales, de negocios escalables con costos marginales. Buscamos invertir en monopolios temporales que generen un valor tan grande que nos hagamos millonarios en un lapso de 7 a 10 años. ¿Cómo pueden conseguirlo las startups latinoamericanas?

En el 2013 comencé a viajar a Silicon Valley, con la idea de buscar inversión y abrir la división de productos de Sm4rt Predictive en San Francisco. La tarea, además de interesante, parecía sencilla. ¿Cuántas empresas como nosotros podían existir? Con un producto sexy –inteligencia artificial enfocada a bancos– con una patente en trámite, ventas y clientes internacionales. La respuesta, para nuestra sorpresa: cientos.

Silicon Valley aloja muchas de las mayores corporaciones de tecnología del mundo y miles de pequeñas empresas en formación (startups). De acuerdo con Wikipedia, originalmente la denominación se relacionaba con el gran número de innovadores y fabricantes de chips de silicio fabricados allí, pero acabó haciendo referencia a todos los negocios de alta tecnología establecidos en la zona.

A pesar del desarrollo de otros centros económicos de alta tecnología en Estados Unidos y por el mundo, Silicon Valley continúa siendo el centro líder para la innovación y desarrollo de alta tecnología, recibiendo al menos un tercio del total de la inversión de venture capital en Estados Unidos.

Los emprendedores en Silicon Valley (SV) gozan de un ecosistema que permite crear, madurar y crecer sus empresas. La fantasía mexicana de hacer una empresa y venderla o salir a la bolsa entre cinco y siete años, en Silicon Valley no es solamente una promesa, es una realidad.

Cuando a estos inversionistas en SV les decíamos que vendíamos decenas de millones de pesos a las empresas más grandes de México y Latam, no tenían cómo relacionarse con eso. Como mexicanos, tenemos esta idea de que México tiene una posición en el mundo, pero Santa Claus no existe, esta idea es una mentira.

El mundo que se conoce de México son Cancún, Playa y Baja California. Y cuando decíamos que BBVA era nuestro cliente más grande, la respuesta era ¿qué es BBVA? “El banco más grande en México y uno de los más grandes del mundo, y nuestro cliente está en España.” Ah, pero no es Chase o Bank of America.

Nuestros doctorados fueron a universidades norteamericanas —pero no trabajaron en Google, Microsoft o Facebook—, nuestras ventas eran los suficientemente chicas para ser un recién formado startup, aunque suficientemente grandes para ser número dos en México; nuestro equipo de ingenieros no fue a Stanford, MIT o Berkeley; nadie, nadie, nadie, sabe qué son el ITAM, el Tec o la UNAM.

Alguien me dijo años después: “Carlos, no los podía ni evaluar, están en un mercado que no entiendo, no hablo el idioma, nunca he hecho negocios allá, no conozco a ninguno de los clientes, no conozco a nadie de tu consejo de administración y entiendo que México es muy peligroso. Es como si alguien de Belice viniera a pedirte dinero y tú no supieras nada de ese país.”

Exactamente a eso se enfrentan lass ideas, propuestas, negocios y proyectos de los empresarios latinoamericanos: todo pasará por la misma evaluación. No puedes generar negocios exponenciales si no tienen la capacidad de ser negocios globales.

Como mexicanos tenemos una desventaja. Algunos de ustedes pensarán que a la escuela a la que fueron, sus relaciones personales o familiares, el trabajo que tuvieron, probablemente incluso su apellido o cómo se ven, les da una ventaja en el mercado global. La realidad es que sus emprendimientos no serán atractivos para inversionistas de clase mundial. ¿La razón principal? No están acostumbrados a pensar en “world domination play”, sus productos y servicios no están pensados para escalar mundialmente, los éxitos a sus espaldas no son suficientes para demostrar que pueden dominar uno o varios mercados, no hay confianza en que su tecnología sea de punta, generalmente no fueron a Stanford o a MIT, sus ingenieros no se formaron en las filas de Facebook o de Google y su modelo de negocio no da para mil millones de dólares en valuación de ninguna forma. Sí, mil millones de dólares. I´m not kidding. $1 Billion.

Creemos también, que el mercado mexicano es suficientemente grande para hacer un imperio. Slim, Azcárraga, Salinas, María Asun, entre otros, lo hicieron; KIO parece que va por buen camino y Banorte compite con los bancos más grandes de mundo. Se nos olvida que esas fortunas se hicieron antes del mundo globalizado, protegidos de la competencia y en un mercado virgen. Lo que buscamos los inversionistas son crecimientos exponenciales, de negocios escalables con costos marginales. Buscamos invertir en monopolios temporales que generen un valor tan grande que entre siete y diez años todos –inversionistas, fundadores y empleados– nos hagamos millonarios (por supuesto en dólares). Para que esto pase, la empresa tiene que estar generando más de $100 millones de dólares de ventas entre el año 7 y el año 10. ¿Cuántas empresas fundadas por mexicanos venden más de $100 millones de dólares? Expansión o Forbes seguro tienen una lista. Pero para estar en las 500 de expansión solamente necesitas ventas de 100 millones de dólares, y la lista incluye a AXA, Toyota, Walmart y BBVA entre otras, empresas extranjeras que han encontrado un México un suelo fértil para sus negocios.

Piénsenlo de la siguiente manera, el mercado mexicano es objetivamente grande, tiene más de 100 millones de habitantes, que, objetivamente es tres veces menos que todo el mercado en Estados Unidos y más chico que la India, Brasil, Rusia o Indonesia; los inversionistas se enfocan en mercados más grandes que México (hay 10), el cual, si bien es grande, tiene problemas estructurales de negocio que hace que los emprendimientos mexicanos sean menos atractivos. Sí, México genera suficiente riqueza para que una de las personas más ricas del mundo sea mexicana y trasnacionales como BBVA o Walmart quieran seguir expandiéndose. Pero también es por todos sabido que una parte importante de la economía mexicana está controlada por las 100, 200 o 500 primeras familias mexicanas, que partes fundamentales de la cadena de valor en México son oligopolios y que hay poco espacio para nueva competencia. Hacerse de una parte importante de cualquier mercado es un reto que solamente unos pocos pueden lograr, y hacerlo en México es un reto que parece imposible de alcanzar.

Lugares como Suecia, Dinamarca y Estonia generan emprendedores que al nacer en mercados tan pequeños la única forma que tienen de generar el volumen requerido es siendo globales. Buscan crear productos “Global First”. Y eso es lo que tienen que reflejar sus empresas, proyectos e ideas. ¿De dónde creen que salieron Skype, Spotify y Klarna?

La oportunidad latin, entonces, a está en crear empresas globales con crecimiento exponencial.

Sobre el autor: Carlos Ochoa es fundador de Alpha Impact 8 Ventures, una plataforma de inversión con sede en Silicon Valley que busca aprovechar la tecnología para resolver problemas humanos.

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