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La ética y la empresa no deben contraponerse

No se puede perder de vista los valores al entender la empresa y establecer la cultura empresarial, ya que la ética da forma a cómo se hacen los negocios y al ambiente corporativo.

Hablar de la ética empresarial implica abordar una serie de aspectos un tanto abstractos que nos remiten a conceptos como valores, normas y principios que las personas, y luego las empresas, adoptan, con el objetivo de mantenerse vivas, vigentes y productivas en condiciones difíciles, pero con el fin último de evitar a toda costa vulnerar los derechos que se comparten en un contexto social determinado.

Ética y empresa parecen regularmente términos contrapuestos, como si llevar adelante una empresa implicara arrumbar necesariamente toda suerte de virtudes; sin embargo, diversas experiencias muestran que las empresas que sobreviven y logran mejores resultados son precisamente aquellas que también han incorporado en su quehacer cotidiano un conjunto de valores morales; valores que componen un nuevo modo de entender la empresa, una nueva cultura empresarial.

En este tenor, la ética es un tema de especial importancia y constituye un aspecto fundamental. Cada día, en nuestra vida personal o profesional enfrentamos situaciones en las que elegimos proceder de manera correcta o no, y lo hacemos basándonos en rasgos de integridad, lo mismo que por influencia de los demás. Pero hay una “regla de oro” que nos ayudará a comportarnos con ética: “Haz a otros lo que quieras para ti”,  o dicho de otra forma: “No hagas a los demás lo que no quieras que ellos te hagan”.

Hay que tener en cuenta que la ética en la empresa no debe ser vista como un conjunto de limitaciones a las que hay que someter la conducta.

Ciertamente, las normas facilitan la orientación del comportamiento y permiten elecciones acertadas en diversas situaciones. Sin embargo, funcionan más como el acotamiento de las carreteras, es decir, señalan una zona de tránsito seguro, facilitan una conducción adecuada del vehículo y aseguran un camino transitable para llegar al destino elegido. Finalmente, la elección corresponde a cada uno.

Una “ética de la empresa”, más allá de los códigos de conducta y de las normas específicas para cada organización, es un reflejo fiel del comportamiento humano de cada una de las personas que la integran. Es gracias a la ética que la persona se puede plantear decisiones acertadas o no, tanto en el ámbito personal como en el profesional.

Comportamientos éticos

Aun así, el tema de la ética va más allá. Se empieza con un comportamiento ético en el hogar, luego en la sociedad, en el trabajo, en la empresa. No hay vacíos.

Mostrar un comportamiento ético no es fácil. En la empresa, que se mueve en un mundo de competencia, no hay siempre tiempo para decidir correctamente y el resultado, como telón de fondo, puede hacer que se distorsionen los hechos para justificar decisiones no justificables. Esta presión le llega a todos y puede llegar a ser como llevar una doble vida, una esquizofrenia empresarial.

Es más fácil reconocer el tema ético a nivel personal, porque en el colectivo de la empresa puede pasar que no hay un responsable directo; de hecho, es muy frecuente pensar que otro tiene la responsabilidad de la decisión tomada. Pero eso es simplemente una forma de conseguir una tranquilidad aparente, porque saber que algo no está bien debería ser suficiente para evitarlo.

La anestesia ética

Cuando se vive en este proceso, es muy difícil hacer una revisión crítica del camino que se toma y la tendencia es repetirlo, aunque no sea correcto. Pero la formación ética no se puede resolver tomando cursos sobre el tema. La ética se aprende desde el seno familiar, en el día a día, casi sin entrar en explicaciones. La ética debe vivirse, practicarse. La forma en que vivimos dice mucho de nuestra formación.

Hay un largo camino antes de enfrentarnos al momento de elegir una opción y considerar que estamos ante una situación en que vemos lo correcto frente a alternativas deshonestas o por lo menos inconvenientes. El momento en que tenemos que decidir es un momento en el que no hay anonimato, porque la decisión es algo personal, una elección que nos retrata de cuerpo entero; lo que sigue es pasar a la acción, una etapa que es la prueba del ácido de la decisión, porque ésta se enfrenta a los demás.

Por la decisión elijo, por la acción paso a depender de otros. En la medida que la decisión es adoptada por los demás, en ese grado cumple con el contenido ético requerido. Se requiere tener confianza en los demás y fortaleza para impulsarlos.

El proceso de aplicar la ética en el entorno empresarial no es sencillo, y debe empezar desde la casa. El mensaje perverso que, en ocasiones, se envía es: ‘haz lo que te digo, pero no lo que yo hago’. Decir una cosa y hacer otra es preparar el terreno para la corrupción, aunque a veces se le llame “transa”.

Sobre los autores: Ernesto Uranga es profesor del Centro de Formación y Perfeccionamiento Directivo (ICAMI) y asesor de micro y medianos empresarios en Edupyme. Ha sido conferencista sobre análisis estratégico, a través del método del caso y pedagogía activa participativa.
Luis Alfredo Santana Zevada es director general de ICAMI Región Noroeste y profesor de Factor Humano y Comercialización. Ingeniero Químico por la Universidad de Guadalajara; master en Dirección de Empresas y egresado del Programa AD2 del IPADE. También ha sido miembro del Consejo de Canacintra en Culiacán.

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