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Entienda el valor económico de los datos personales

Sus datos personales no tienen valor; solo cuando son procesados por los Facebook o los Googles de este mundo tienen valor de negocio.

Mucho se está diciendo sobre la manera en que esas malvadas compañías estadounidenses están robando todos nuestros preciosos datos. Ellos los aspiran, los Facebook, Googles y el resto, hacen una fortuna con ellos, ¿y qué obtenemos de regreso? Nada más que acceso a la información del mundo y una infraestructura de fotos de gato. Seguramente algo debe hacerse.

Que obtengamos la biblioteca global y las imágenes de gatos muestra que la economía de la queja no es del todo correcta. Parecemos bastante felices de permitirles, a quienquiera que sean ellos, saber sobre nosotros a cambio de lo que conseguimos. Pero también hay algo mal con el debate actual en un nivel más profundo. La noción de que los datos en sí son valiosos: no lo son.

Consideremos, por un momento, algo diferente: el reciclaje de los preciosos y escasos recursos naturales de la Tierra. El valor de una sola botella de plástico o una taza de café de papel que tiramos con tal alegre abandono, es negativo.

Los recursos necesarios para recogerla y llevarla a algún lugar que pueda ser reciclado son mayores que lo que se puede ganar del proceso mismo. Pero una pila de un millón de las cosas en la ubicación de una planta de reciclaje tiene un valor positivo, ya que la recolección y clasificación ya se ha hecho.

Lo mismo ocurre con esta supuestamente valiosa información sobre nosotros mismos. La información sobre una persona –la información que se recoge de nuestra navegación, etc.– no tiene valor.

Saber que cualquier individuo que rebota por Europa, teniendo interés no en las imágenes de gatos sino de postear la cocina local a los amigos en sus medios sociales elegidos, la clase de cosa que podría ser recogida, no es valioso para nadie en lo más mínimo.

Es tener ese tipo de información sobre cientos de millones de personas lo que tiene valor. Los datos pueden ser extraídos y procesados ​​para, por ejemplo, informar las decisiones del menú en un libro de recetas. ¿Cuál es nuestro público probable para las barras de chocolate fritas? ¿Uno o dos británicos insalubres? Dieta mediterránea será, entonces.

Pensar que los datos originales son lo que es valioso es pensar que Ford solo debe cobrarnos el valor del mineral de hierro y el caucho en nuestros coches. Ambos tienen un valor, pero es bastante bajo en comparación con lo que tenemos que pagar para manejar el coche. El punto es que Ford Motor Company existe para procesar y agregar valor a esas materias primas. Y es lo mismo con las empresas de tecnología y los datos por los que todos están tan preocupados.

Un modelo económico razonable para ellos sería que tomen algo de ningún valor –esa información dispersa que cada uno entrega– con el propósito de que la compañía ponga el procesamiento y la adición de valor. Es decir, no es el dato en sí lo que es valioso, es el procesamiento de él, por lo que es la empresa, la cosa que hace el procesamiento, la que gana el valor que se agrega.

Esta es la razón de que las ideas de aquellos como el científico informático Jaron Lanier, de que se debe pagar el valor de la información que se recoge, no han tenido éxito. Ya nos están pagando ese valor: nada, que es lo que vale sin recopilar. Y es una parte estándar del modelo económico normal que las ganancias deben fluir a aquellos que agregan el valor. Que es, aquí, a esas empresas de tecnología, no a nosotros.

Llevados fuera de Europa

Tristemente, sin embargo, este error parece estar mal informando un número alarmante de los que gobiernan nuestras vidas. La Unión Europea, por ejemplo, parece horrorizada ante la idea de que toda esta información esté siendo absorbida fuera de Europa y de los europeos.

Vemos constantes referencias a datos valiosos y todo eso, y que este valor debe permanecer aquí, lo que equivale a ignorar total y completamente el punto de lo que está sucediendo; es el proceso el que agrega el valor, no la materia prima de la información misma.

Tenga en cuenta que esto no tiene nada que ver con la reciente multa de 110 millones de euros a Facebook por la Comisión Europea, por dar información engañosa sobre la compra de WhatsApp. Eso se justificó por los mismos motivos que cinco años por perjurio relativo a un delito original con una pena de seis meses.

Los tribunales y la regulación, lo que pensamos de la ley o los reguladores, solo funciona si la gente les dice la verdad. Por lo tanto, si las personas engañan, mienten, son económicas con la verdad, se les marca si son capturados como debería ser.

Obstáculos burocráticos

Que mi desprecio por los burócratas europeos es inflexible y total es bien conocido, pero tiendo a no pensar que son realmente estúpidos. Lo que abre la cuestión de qué es lo que están haciendo aquí. Estas demandas a los gigantes de la tecnología no tienen sentido económico dado quién está agregando el valor, así que ¿por qué se están haciendo?

Mi conclusión es simplemente que es el antiamericanismo reflejo de demasiados miembros de la élite europea. No son solo las hamburguesas y las películas que, ¡zut alors!, tienen ese concepto loco de un guión y un argumento –bueno, la mayoría de ellas de todos modos– sino el hecho de que los estadounidenses están aquí y están haciendo un montón de dinero también. Esto simplemente no funciona, y por lo tanto algo debe hacerse. Ya que la competencia del mercado no lo está logrando –¿qué le pasó a Quaero, el supuesto Google europeo, de todos modos?– entonces se debe poner obstáculos burocráticos en el camino.

Aparte de eso, no hay una respuesta económica sensata a la pregunta de por qué existe tal preocupación. Porque nadie puede creer que los datos en sí son valiosos: son las empresas que realizan el procesamiento de los datos las que están agregando valor, razón por la cual se benefician del valor que se está agregando.

Próximos pasos

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Este artículo se actualizó por última vez en junio 2017

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