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El almacenamiento inteligente es clave para moverse más allá de la “tercera plataforma"

La tercera plataforma de cómputo toma un enfoque externo ante los datos y aplicaciones, pero las tecnologías conscientes de datos pueden añadir un poco de conocimiento al proceso de almacenamiento.

Los analistas técnicos toman gran alegría en lanzar alrededor ocurrencias y amenidades que supuestamente iban a describir sucintamente la situación actual en TI. Pero, la mayoría de esas frases ocurrentes tienden a confundirme más de lo que arrojan luz sobre cuestiones de tecnología nudosas. Por lo tanto, no estoy seguro de si estamos a punto de entrar o salir de la "tercera plataforma" de cómputo; de hecho, no podría decirle qué son las otras dos plataformas.

“Escala web" es otro epíteto que está amenazando con apoderarse de la jerga de TI. Es otro supuestamente nuevo paradigma de TI/centro de datos. Estoy un poco perdido con ese término, también. Aunque me imagino que la parte “de escala" pretende describir algo muy, muy grande, porque a menudo se oye "big data" citado como una de las razones para que las empresas le den empuje a sus operaciones de TI hacia proporciones de "escala web".

Dígalo rápido tres veces: "Social, móvil, nube"

Y las razones detrás de toda esta charla de tercera plataforma y de escala web son el ahora demasiado familiar triunvirato –redes sociales, móviles, nube– que viene disparándose de las lenguas de los ejecutivos de marketing y analistas por igual (cuando están desesperados, la misma pandilla de consignas lanzará el ya clásico “big data”).

Para que el almacenamiento sea gestionado más eficazmente, los datos necesitan tener un poco de inteligencia propia.

¿Pero, qué hay de malo con esa imagen? Lo social, móvil y la nube no describen aplicaciones o datos o cualquier tipo de inteligencia. Son todos los lugares o entornos en los que algo puede suceder.

El énfasis parece estar en la entrega, en ser capaces de proporcionar acceso a las aplicaciones y datos, ya sea si la persona que busca esas cosas está en la oficina, en la carretera o procesando febrilmente números. O evitar esas cosas difíciles y en lugar de eso ser sociales.

Si creemos lo que escuchamos, la escena de TI es cada vez más acerca de dónde y cómo, y cada vez menos sobre qué o por qué. Aún así, la cosa que parece estar obteniendo muy poca atención son los datos en sí, y cómo se almacenan esos datos.

Es casi como si se hubiera vuelto irrelevante donde residen los datos. Pero eso no tiene sentido. Ya sabemos que todos los caminos conducen al almacenamiento, de una forma u otra, y el truco es encontrar el mejor tipo y configuración de medios de almacenamiento para mantener el tráfico funcionando sin problemas. Pero el almacenamiento puede ser más que el repositorio de toda esa ojalá valiosa propiedad intelectual corporativa. Puede ser el centro de un verdadero sistema de procesamiento y gestión de la información.

Mirando hacia dentro desde afuera

Cuando tomamos una tercera plataforma o una visión a escala web, estamos viendo los datos y sus aplicaciones desde el exterior, y la mayoría de los avances en tecnología de almacenamiento que vemos hoy están tomando ese enfoque externo para resolver lo que era un problema interno: sabemos que estamos empujando miles de millones de bits por segundo, pero realmente no sabemos de qué se tratan esos bits.

La mayoría de esos nuevos técnicos reclaman una ventaja porque pueden “abstraer” el software de almacenamiento del hardware de almacenamiento. Eso en sí mismo es una especie de confusión. El software y el hardware siempre han vivido vidas separadas, pero interdependientes, y lo que el almacenamiento definido por software –o cualquier cosa definida por software– que pretende hacer, en realidad no es diferente funcionalmente. Lo que es diferente es que el nuevo modelo desalienta a los proveedores de crear hardware y software personalizado que ofrece una arquitectura propietaria. Eso no es un punto despreciable, ya que puede reducir costos, tal vez incluso sustancialmente. Pero no hace ningún cambio fundamental en la forma en que los datos son gestionados, o no gestionados.

Sin una mayor visión de los datos de la que hay actualmente disponible, ya no podemos simplemente seguir paleando bits alrededor. Cuando hay más y más bits que palear, se hace más difícil y más difícil saber dónde podrían ser necesarios esos bits, cuándo son inútiles y lo que significan.

El almacenamiento es cada vez más inteligente

Los llamados sistemas de almacenamiento “conscientes de los datos” (data-aware) –como los de los recién llegados innovadores Data Gravity y Qumulo– tienen el potencial de revolucionar la carrera espacial del almacenamiento. Ellos abren nuevos caminos al entrar en los datos para mejorar el almacenamiento y la gestión de datos.

Algunos de estos nuevos enfoques representan mejoras significativas con respecto a los sistemas tradicionales de almacenamiento, e incluso más que la nueva ola de productos definidos por software y de almacenamiento hiperconvergente. Pero, creo que todavía estamos quedando cortos en cuanto a ser verdaderamente conscientes de los datos; es más como una capacidad de datos o conciencia de la actividad de los datos.

Para que el almacenamiento sea gestionado más eficazmente, los datos necesitan tener un poco de inteligencia propia. Los nuevos y sofisticados sistemas de almacenamiento pueden vigilar los datos y ver cómo se están utilizando, quién los está usando y con qué frecuencia se están utilizando, pero esa probablemente no es suficiente inteligencia para tomar determinaciones más incisivas, como cuándo se pueden utilizar, cuándo ha expirado su utilidad, bajo qué circunstancias se deben utilizar y así sucesivamente.

La torre de Babel del almacenamiento de datos

En teoría, el sistema de almacenamiento podría recoger esa información y ponerla a disposición. Pero, en el ciclo de procesamiento de datos, ese tipo de inteligencia por lo general proviene de las aplicaciones y los usuarios de esas aplicaciones. Hoy en día, los sistemas de almacenamiento no pueden recoger esos datos, porque las apps, los sistemas operativos, los hipervisores, los sistemas de almacenamiento, y así sucesivamente, hablan diferentes idiomas.

Desde que se iniciaron las TI, ha habido innumerables intentos de desarrollar una lengua franca para que las aplicaciones y los sistemas de datos puedan hablar, intercambiar datos e incluso compartir información acerca de que esos datos. Algunos han tenido éxito, como XML y DICOM (Digital Imaging and Communications in Medicine), mientras otros no tanto, como la interfaz de gestión de datos en la nube de SNIA. Pero para que el almacenamiento realmente se vuelva lo suficientemente inteligente como para ser un socio activo de la gestión de la información, los desarrolladores de aplicaciones y proveedores de almacenamiento –y todos los demás– tendrán que empezar a compartir lo que saben en un formato que todos puedan entender.

Hasta entonces, tendremos que ocuparnos de comprar discos cada vez más grandes, y de construir infinitas nubes. Quién sabe. Tal vez el sentido común está justo adelante, a la espera de que el resto de nosotros llegue a la plataforma número cuatro.

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