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¿Hasta dónde llega la culpa de Facebook por el mal uso de sus datos?

El incidente de los datos de Facebook utilizados para manipular las elecciones en EE.UU. y el voto del Brexit provocan temor en un año electoral en México, pero más allá de la responsabilidad que Facebook tiene en el asunto, ¿qué tanta culpa tenemos los usuarios de dicha plataforma?

Recientemente se dio a conocer que una compañía de análisis de datos políticos, Cambridge Analytica, utilizó millones de perfiles falsos en Facebook para influenciar en los resultados de las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016 y en el voto para el Brexit en el Reino Unido.

Lo primero que cruza por la mente de los mexicanos en un año de elección presidencial es la posibilidad de que el voto también sea manipulado. Cientos de personas han empezado a eliminar sus cuentas de esta red social con un sentimiento de temor y agravio a su privacidad. Sin embargo, lo cierto es que no hubo tal invasión a la privacidad. Al menos, no por parte de Facebook.

Si bien los términos y condiciones de uso la red social indican que al hacer uso de dicha plataforma los usuarios accedemos a compartir nuestra información personal, imágenes y videos, la mayoría de los usuarios no revisamos a conciencia las cláusulas de uso, simplemente damos clic en “aceptar” y listo. Y hacemos esto al usar redes sociales o aplicaciones, ya sean dentro de las redes o de forma independiente. Es muy fácil decir que sí a lo que sea que se estipule con tal de usar la app que nos interesa, ¿no? Lo que mucha gente ignora, lamentablemente, es que en dichos términos y condiciones se establece que al usar los servicios la aplicación o plataforma en cuestión tiene derecho a usar, y compartir con fines comerciales, nuestros datos. Y al momento de dar clic en “aceptar”, los usuarios perdemos el derecho a reclamar posteriormente.

¿Cómo funciona la recopilación de datos? De acuerdo con las condiciones de uso de Facebook,  “Al utilizar una aplicación, esta podrá pedirte permiso para acceder a tu contenido e información, así como al contenido y la información que otras personas hayan compartido contigo. Exigimos que las aplicaciones respeten tu configuración de privacidad, y será tu acuerdo con la aplicación en cuestión el que regirá la forma en que esta utilizará, almacenará y transferirá el contenido y la información que compartas.” Es decir, al acceder a usar aplicaciones, nosotros les permitimos que tengan acceso no sólo a nuestra información, sino también a los contactos. Y la única forma de protegernos es verificando que nuestra configuración de Privacidad sea la más estricta, mientras que nuestros conocidos, a su vez, tendrán que hacer lo mismo para evitar que las apps usen su información solo por ser contactos de alguien más, ya que, como lo expresan los términos, “la licencia finaliza cuando eliminas tu contenido de propiedad intelectual o tu cuenta, a menos que el contenido se haya compartido con terceros y estos no lo hayan eliminado”.

¿Y qué hacen Facebook y las aplicaciones con los datos que recopilan? Pues primero que nada, recordemos que nada es gratis en realidad. Si podemos acceder a servicios “sin costo” para nosotros, es porque alguien más está pagando por ello. En el caso de Facebook, pagan los anunciantes y quienes compran la información para fines comerciales. Y ello también se indica en una de las cláusulas de los términos de la red social: “Nos concedes permiso para usar tu nombre, foto del perfil, contenido e información en relación con contenido comercial, publicitario o relacionado (como una marca que has indicado que te gusta) procedente de Facebook o que hayamos optimizado. Esto significa, por ejemplo, que permites que una empresa u otra entidad nos paguen por mostrar tu nombre o foto del perfil con tu contenido o información sin que recibas ninguna compensación por ello. Si has seleccionado un público específico para tu contenido o información, respetaremos tu elección cuando los usemos”.

Entonces, ¿Facebook se lava las manos?

Habiendo establecido que los usuarios tenemos gran parte de responsabilidad en permitir el uso indiscriminado de nuestros datos, a cambio de acceder gratuitamente a redes sociales y/o ciertas aplicaciones, hay que aclarar también cuál es la responsabilidad de Facebook en este incidente.

Por mucho que Facebook quiera escudarse tras sus términos y condiciones, la plataforma social debe reconocer que su modelo de negocios hizo posible que Cambridge Analytica –y muchas otras apps, aunque no tengan motivos políticos, sino comerciales– recopilara y utilizara a su conveniencia los datos de miles de usuarios y sus contactos.

Una nota publicada en el portal de la Slate Magazine expresa que el verdadero escándalo no es lo que hizo Cambridge Analytica, sino lo que Facebook hizo posible con su modelo de negocios. Modelo que permite a cualquiera hacer ese tipo de cosas, a plena vista. “Fueron muy permisivos al permitir que los desarrolladores recopilaran datos, no solo de los usuarios que accedieron a usar la aplicación, sino también los de sus amigos de Facebook”, dice el artículo. Aplicaciones como Tinder, FarmVille o la campaña presidencial de Barack Obama utilizaron la misma herramienta para recolectar el mismo tipo de información. Así es como funcionaba Facebook hasta el 2015, y aunque esa política ya fue modificada, quienes se hicieron de sus bases de datos, continúan explotando la data recopilada.

Si bien las políticas de Facebook no permitían el uso comercial de los datos si no se especificaba en la app que los datos se usarían con ese fin (en el caso de Cambridge Analytica, se especificaba que los datos se usarían para fines académicos). Cuando la red social descubrió que los datos se usaron para otros fines, solicitó que fueran eliminados, y que lo certificaran. “Al parecer, le mintieron. Pero tampoco está claro si Facebook tenía forma de saberlo”, explica la nota de Slate.

El problema de fondo no es que los datos hubiesen sido extraídos de Facebook, sino que la red social organizara los datos y permitiera extraerlos de esta forma. Otras plataformas como Twitter, Android, Google o la tienda de Apple podrían dar acceso a datos similares, que bien podrían usarse para fines comerciales o para envío de spam. Pero en esta ocasión “fue Facebook quien le enseñó a la gente a regalarse en línea y a aceptar el uso de sus datos personales en anuncios personalizados, como la moneda de cambio para el internet moderno”, concluye el artículo.

¿Y ahora, quién podrá ayudarnos?

Camilo Gutierrez, jefe de Laboratorio de ESET Latinoamérica, aconseja no ponerse paranoico, sino simplemente, ser consciente de qué es lo que ocurre con la información y actuar en consecuencia. “Los usuarios deben saber dónde comparten información, qué están subiendo y qué datos permiten que se conozcan o se vean expuestos”.

Gutiérrez recalcó la importancia de tomar consciencia de la gran cantidad de información que compartimos todo el tiempo. “El hecho de estar navegando por internet, de tener un celular también conectado a la red, una aplicación de mensajería o cualquier otro servicio ya implica que estamos entregando algo de nuestra información, y la realidad es que nuestra vida cada vez va a estar más conectada con la creciente cantidad de dispositivos”, reflexiona.

¿Qué hacer de aquí en adelante? “Volvernos paranoicos no es una opción. Se trata simplemente de tomar consciencia de lo que puede pasar”, aconseja. “En primer lugar, debemos aprender y conocer las implicancias que conllevan el uso de la tecnología. En segundo lugar, debemos utilizar la tecnología de manera segura; es decir que si sumamos soluciones de seguridad a nuestro dispositivo, somos cuidadosos con lo que descargamos, actualizamos las aplicaciones y nos mantenemos informados de lo que pasa, podemos hacer un uso responsable de la tecnología y disfrutar de todo lo que nos ofrece”, opina Gutiérrez.

En este sentido, lo importante es conocer qué tipo de datos están expuestos al usar las aplicaciones más renombradas. Especialistas de ESET Latinoamérica explican qué tipo y cantidad de información se comparten en algunas de las redes sociales más utilizadas y ofrecen algunos consejos para cuidarla.

Aplicaciones en Facebook desarrolladas por terceros: Facebook permite que otros desarrolladores utilicen la red social para agregar funcionalidades adicionales. Para comprobar el usuario ya está utilizando aplicaciones desarrolladas por terceros, solo debe ir a la opción “Configuración” y luego pinchar en la opción “Aplicaciones”. Una vez allí se puede ver el listado de aplicaciones de terceros que han aceptado dentro de su perfil. Por último, al hacer clic sobre cada una de las aplicaciones, se puede saber cuál es la información del usuario a la que tiene acceso la aplicación.

Restringir la información que se comparte con las aplicaciones: Los usuarios pueden restringir el tipo de información que comparten con cada una de las aplicaciones. De todos modos, es importante mencionar que hay información que la aplicación solicita de manera obligatoria para que el usuario pueda utilizarla. En ese caso, cada usuario deberá ser consciente si desea compartir la información para poder hacer uso de la aplicación.

Vale aclarar que en caso de que el usuario desee borrar alguna aplicación, la información que ya se ha compartido con la empresa desarrolladora podría quedar en sus servidores. En ese caso se deberá verificar específicamente cuáles son las políticas de cada desarrollador y en caso de que algo no esté de acuerdo a lo que espera el usuario, ponerse en contacto con la empresa para pedir que borren la información.

Otras redes sociales, similares comportamientos: Si bien Facebook es la red que ha estado en el ojo del huracán por todo el escándalo que se generó, hay otras redes sociales que también permiten que aplicaciones de terceros sumen funcionalidades a la experiencia del usuario a cambio de cierta información de los usuarios.

En el caso de Instagram, por ejemplo, se puede entrar desde un navegador a la cuenta y en la sección de la configuración “aplicaciones autorizadas” se encontrará el detalle de los permisos que como usuario otorga para acceder a cierta información personal; y la posibilidad de revocar el acceso a la misma.

Con Twitter ocurre algo muy similar, ya que en la parte de configuración de la cuenta es posible acceder a la información de las aplicaciones que tienen acceso a la información.

Para finalizar, cabe destacar que esta situación no solo toca a las redes sociales sino que también hay aplicaciones de terceros que buscan agregar funcionalidades a la experiencia como usuarios y que pueden estar obteniendo datos. Un caso de esto son los navegadores.

Dos de los más populares, como son Firefox y Chrome, permiten descargar Extensiones, las cuales piden permisos al momento de instalarse. En el caso de Firefox, antes de instalar alguna de esas extensiones desde la tienda oficial Firefox Add-ons, permite ver al final de la página los permisos que solicita. Una vez instalados, en la opción Administrador de complementos se pueden ver todos los que están activos.

En Chrome, antes de instalar una Extensión se muestra la información a la cual el usuario permite acceder una vez que haga clic en “añadir extensión” desde el Chrome Web Store.

Este artículo se actualizó por última vez en marzo 2018

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