weyo - Fotolia

Evaluar Conozca los pros y contras de las tecnologías, productos y proyectos que está considerando.

Cómo el sector de la tecnología ayudó a crear al Presidente Trump

Tanto en los EE.UU. como en el Reino Unido, la tecnología ha ahuecado el periodismo local y ha permitido la creación de sitios web enfocados en una sola cuestión, con opiniones a menudo extremas.

Probablemente sea justo decir que el mundo no necesita a otro periodista tratando de explicar por qué Donald Trump ganó la presidencia de Estados Unidos en este momento.

Sin embargo, creo que quienes estamos en el sector de la tecnología debemos mirar tanto el choque que sienten muchas personas por su victoria, como el júbilo de quienes ganaron, y entender el papel que la tecnología desempeñó en permitir el surgimiento de Trump –así como las lecciones que necesitamos aprender.

Fragmentación tecnológica

Al escribir en este blog sobre el impacto de la revolución digital, he usado a menudo la frase, "fragmentos de tecnología" –usando "fragmento" como un verbo, no como un sustantivo.

El contexto habitual de esa frase es explicar lo que le sucede a las empresas en mercados que están siendo cambiados como resultado de la innovación tecnológica. La palabra más comúnmente usada por los tecnólogos para este proceso es "disrupción" –una palabra que no describe con precisión la forma en que funciona la revolución digital.

Lo que hace la tecnología es fragmentar los mercados –los descompone en partes componentes, los atomiza, quita las viejas barreras de entrada y abre esos mercados a los nuevos entrantes con costes iniciales muy bajos, sacudiendo así el antiguo orden establecido.

Tomemos como ejemplo a Computer Weekly. Donde una vez fuimos una revista impresa, protegida en un mercado con altos costos de inicio (el costo de impresión, papel, tinta, distribución, gente), ahora operamos en uno donde cualquiera puede escribir un artículo en el que nuestros lectores podrían estar interesados, sin costo, y publicarlo a una audiencia potencial mundial. Donde alguna vez proporcionamos noticias de tecnología una vez por semana sólo en papel impreso, ahora ofrecemos contenido a diario en un sitio web, a través de video, en PDF, en las redes sociales, por correo electrónico, y así sucesivamente.

Nuestro mercado ha sido completamente fragmentado –desglosado en sus partes constituyentes y abierto a cualquier persona que se incline a tomar parte. Lo mismo sucede en el resto de la industria de los medios de comunicación. Y está sucediendo en el comercio minorista, en el entretenimiento, está empezando a suceder en la banca y en otros lugares.

Los signos de que la tecnología fragmenta el viejo orden se ven en todas partes de los negocios.

Así que si está sucediendo allí, ¿quién va a decir que la misma tendencia no está afectando a la sociedad en general? Usted podría hacer un argumento razonablemente convincente de que las protestas representadas por Brexit y el Presidente Trump son sólo una fragmentación social en acción, habilitada por la tecnología.

Algoritmos no regulados

Mucho se ha escrito sobre la influencia de las redes sociales en torno a Brexit y Trump: la creación de cámaras de eco donde la gente sólo lee artículos que apoyan sus puntos de vista y sólo ven los comentarios de personas de ideas afines. Ese es ciertamente un ejemplo de fragmentación –la atomización de la opinión. Esto impide que un lado comprenda los temores y preocupaciones del otro.

Tanto en los EE.UU. como en el Reino Unido, la tecnología ha ahuecado el periodismo local y ha permitido la creación de sitios web de alto perfil enfocados en una sola cuestión, con opiniones a menudo extremas.

Al mismo tiempo, un número cada vez mayor de nosotros accede a dicho contenido a través de algoritmos altamente secretos que determinan dónde es más probable que hagamos clic –y sobre esa base, a qué tipo de anuncios es más probable que respondamos.

Estos algoritmos están cerrados y protegidos. No están regulados –y, sin embargo, determinan la reunión de información para millones de personas.

Frecuentemente se menciona a Facebook en este sentido, pero Google es quizás un mejor ejemplo de los riesgos inherentes a la selección algorítmica. Sus resultados de búsqueda –por mucho, la forma más popular de encontrar información en la web– son decididos por un programa de software que intenta determinar, en lugar de nosotros, lo que es un sitio web de "calidad" y lo que no; qué es contenido "relevante" y qué no lo es.

Si el algoritmo cambia, como suele ocurrir en Google, algunos sitios web que ya no cumplen los criterios secretos y no regulados de calidad y relevancia de Google pierden y desaparecen de la parte superior de los resultados de búsqueda. ¿No es, de alguna manera, una sutil forma de censura no regulada?

Estamos en la cúspide de una nueva fase de la revolución digital, liderada por la inteligencia artificial (AI) y la automatización. Se espera que pongamos nuestra confianza en algoritmos no regulados para más y más aspectos de nuestras vidas. Pero tampoco olvidemos el papel que jugaron los algoritmos financieros de negociación para causar la crisis del 2008.

Cada vez más, esos algoritmos reemplazarán los trabajos de las personas. ¿Qué sucede con los trabajadores recién desempleados, y quién está preparando a la fuerza de trabajo y a la sociedad para este cambio potencialmente enorme?

No los gobiernos, todavía –y ciertamente no las empresas de tecnología que provocarán que esto suceda.

Malestar social

También he escrito que hay un riesgo muy fuerte de que la revolución digital pueda causar el mismo tipo de malestar social que sucedió en la revolución industrial, como cuando quienes se sintieron dejados atrás por el progreso tecnológico lucharon para proteger sus medios de vida.

¿Suena como algo que se ha dicho últimamente?

Otro hecho sobre el que se habla después de las elecciones estadounidenses se relaciona con la conducción como uno de los empleos más populares en los Estados Unidos. Según los sitios web estadounidenses que he visto, el país cuenta con 2,9 millones de camioneros y conductores de entrega, 674.000 conductores de autobuses y 181.000 taxistas y choferes.

Si la tecnología de vehículos sin conductor se convierte en tendencia principal –probablemente dentro de los próximos 10 a 20 años– ¿qué pasa con esos 3,7 millones de empleos? ¿Hay alguien planeando qué hacer y cómo capacitar a esos trabajadores?

Los últimos ocho años desde el gran colapso bancario han demostrado que pocos gobiernos occidentales están dispuestos a invertir lo suficiente en el tipo de capacitación de habilidades y el ecosistema necesario de transferencia de carreras para garantizar que la gente en los mercados fragmentados por la tecnología no se quede atrás.

Brexit y Trump son ampliamente percibidos como el resultado de la ira de los trabajadores que se sintieron ignorados por un sistema establecido que les impuso la austeridad, mientras que las personas y corporaciones que causaron la crisis, prosperaron.

La tecnología, sin duda, desempeñó un papel importante en permitir esa situación –ya que por mucho ha permitido a esas personas enojadas a unirse a los intereses de Trump y Nigel Farage a través de un medio fragmentado donde son alimentados algorítmicamente con voces estridentes.

La tecnología nos ha dado el beneficio de la elección, pero también permite que esas elecciones sean filtradas por razones puramente comerciales, potencialmente en detrimento del progreso social.

La cultura de Silicon Valley

Mientras tanto, tal vez necesitamos cuestionar una vez más el papel de la cultura del Valle del Silicio.

El enfoque de ‘todos para cada uno’, inspirado en Ayn Rand, de muchos empresarios de tecnología, ha indudablemente llevado a grandes innovaciones que nos benefician a todos. Pero también irrita a cualquier persona que se haya quedado fuera de ese progreso digital. ¿Cuál de los empresarios de automóviles sin conductor está proponiendo ideas para ayudar a los conductores que se queden sin trabajo por causa sus innovaciones? Su respuesta habitual es que "el mercado" proporcionará las respuestas. Los últimos ocho años han demostrado que "el mercado" no lo hace.

En cambio, tenemos billonarios en el Valle como Peter Thiel, quien quiere crear una isla en alta mar para evitar inconvenientes como impuestos, regulaciones o derechos laborales a favor de un emprendedurismo sin restricciones. O veamos a Elon Musk, que quiere crear una colonia en Marte.

No es ninguna sorpresa que Silicon Valley ha sido un defensor del movimiento para que California se separe de los Estados Unidos. Si no te gustan las leyes de la tierra, haz las tuyas. La sociedad, gracias a la tecnología, se fragmenta. Esta no es una actitud sana si quieres casar al progreso digital con la sociedad.

Derechos laborales

En el Reino Unido, podríamos finalmente comenzar a tener algunos de estos debates. El caso judicial en curso sobre la situación laboral de los conductores de Uber podría ser una oportunidad para tener una discusión madura y con visión de futuro acerca de cómo las leyes laborales del siglo XXI deben cambiar para los empleos del siglo XXI.

En el caso de Uber, ambos lados son parcialmente correctos, y ambos están parcialmente equivocados. Uber tiene razón al decir que ha atraído a un montón de conductores que quieren la flexibilidad del trabajo sobre demanda, y están contentos de considerarse autónomos. Este tipo de trabajos están creciendo en la llamada economía compartida –hay un debate similar alrededor de los conductores de Deliveroo.

Sin embargo, Uber también está equivocado al decir que no tiene ninguna obligación hacia los derechos laborales de sus conductores. Pero sería igualmente incorrecto impedir que Uber utilice trabajadores que no quieren una regla general sobre cómo deben ser empleados.

La respuesta está en algún punto intermedio: diseñar derechos laborales que se ajusten al nuevo estilo de trabajo que cada vez más creará la innovación digital.

Pero no estamos teniendo esa conversación, en un momento en que muchos de nuestros contratos sociales aceptados, democráticos y liberales ya están siendo cuestionados. La revolución digital sólo va a fragmentar aún más esas normas sociales, a menos que lo reconozcamos y trabajemos para evitar que eso suceda.

Una sociedad en red

Otra frase que he usado a menudo aquí es que el progreso tecnológico es inevitable e imparable –salvo por cualquier Trumpismo extremo, tal vez. Una sociedad digital va a ser muy diferente de una sociedad industrial, así como la sociedad industrial era muy diferente de la sociedad rural que desplazó.

Para empezar, la sociedad digital se conectará en red, no de forma jerárquica. Eso tiene enormes implicaciones para "el sistema" y "las élites" –frases que hemos escuchado mucho en las últimas semanas. Si Brexit y Trump representan una reacción contra los que están en la cima de la jerarquía, entonces es un paso hacia la sociedad en red del futuro.

Desafortunadamente, es un paso adelante que ha sido cooptado por populistas como Trump, que tienen un pie en las élites, pero que entienden cómo apelar a las frustraciones de muchos de quienes no son de élite. Una sociedad en red ofrece progreso –es (o debería ser) por naturaleza igualitaria, abierta y democrática. El populismo liderado por el pueblo puede ser algo bueno. El populismo liderado por oportunistas políticos, no tanto.

El sector tecnológico está haciendo que esto suceda. Las reacciones al Brexit y al Presidente Trump nos muestran, en mi opinión, los riesgos muy reales de lo que podría suceder si permitimos que la sociedad se fragmentara. Deje que las empresas se fragmenten a través de la tecnología –a eso se le llama competencia. Pero las personas no son empresas. La sociedad no es "el mercado".

La tecnología debe ser inclusiva para todos –no puede permitir que algunos se queden atrás simplemente en beneficio de los demás. La revolución digital significa que necesitamos evolucionar nuestros contratos sociales del siglo XX para una era diferente. El sector tecnológico necesita preguntarse seriamente y pronto cuáles son sus responsabilidades para hacer que el cambio ocurra de una manera que apoye el progreso social y la inclusión, no la fragmentación.

Profundice más

Inicie la conversación

Envíenme notificaciones cuando otros miembros comenten sobre este artículo.

Por favor cree un Nombre de usuario para poder comentar.

- ANUNCIOS POR GOOGLE

Close